Me he parado y no arranco

Me parece a mí que voy a durar más poco en esto del triatlón…
Estoy viendo que no puedo entrenar los tres deportes (en condiciones) y además hacer el acondicionamiento físico del gimnasio. Me canso. Me bajan las defensas y me resfrío.
Me cerraron la piscina a principios de agosto. Bien, me dije, qué oportunidad para ir a esas clases a las que nunca voy al gimnasio: mantenimiento, pilates, yoga … Deben de habérseme descosido todos los chacras, porque he caído en un bajón físico tremendo. Llevaba un veranillo alegre de entrenamientos, pero en la última semana he caído en picado. Para rematar, un resfriado que me tiene KO. El segundo en dos meses.
Y el 5 de septiembre mi primer triatlón Sprint.
Mañana abren de nuevo la piscina. Tengo un plan, pero…
…pilas, por favor.
Mientras llegan, por poner algo de mi parte, voy a cambiar ligeramente mi estrategia. En vez de hacer tanto hincapié en el ejercicio físico, voy a hacer algo del otro lado: alimentación y complementos.
• Para reforzar las defensas y no resfriarme tantísimo voy a tomar Equinácea y Propóleo.

• Voy a intentar (ojo, digo intentar, no tengo garantías de conseguirlo, que me conozco) meterme en el rollo de la Dieta de la Zona. La probé un par de semanas antes del maratón de Barcelona para adelgazar y me fue bien. Me he empapuzado los libros de Barry Sears y mi piace lo que cuenta; ahora, a experimentar en mis propias carnes. Se aconseja complementar con aceite de pescado Omega 3 (en la foto, a la izquierda); cuando termine este bote lo sustituiré por semillas de Lino, que también tienen Omega 3 y son vegetales (lo que pasa es que esto tengo que revisarlo, porque no se trata sólo del Omega 3, sino de su proporción en relación con el Omega 6… en fin, una movida).
En cuanto al deporte, tengo un lío tremendo con tanta diversificación: antes me limitaba a correr y a tratar de reunir fuerza de voluntad para hacer ejercicios de fuerza y abdominales-lumbares en casa. Ahora tengo que compatibilizar: correr, nadar, pedalear y gimnasio (este último me mola mucho más que lo de las pesas en casa). De momento:
• Los días pares: correr, lo que toque. Estoy haciendo el Plan FIRST para Media Maratón.
• Los días impares: nadar, lo que toque (estoy federada en un club y me mandan entrenamientos semanales) + gimnasio.
• La bici: empezaré a husmear en Wikiloc y a ver si me motivo con alguna ruta que vea. Mientras, saliditas esporádicas al parque tipo enganchal pedales – desenganchal pedales.
En septiembre empiezo unas clases de tecnificación en la piscina (martes y jueves a las 10 de la noche, fuerza de voluntad ven a mí). Tengo puestas grandes esperanzas en estas clases, espero no decepcionarme y convertirme en la sardinilla que aspiro a ser.
De momento, a ver si me curo. Atchus.

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   I think I could turn and live with animals, they are so placid and self-contain’d,
I stand and look at them long and long.

They do not sweat and whine about their condition,
They do not lie awake in the dark and weep for their sins,
They do not make me sick discussing their duty to God,
Not one is dissatisfied, not one is demented with the mania of owning things,
Not one kneels to another, nor to his kind that lived thousands of years ago,
Not one is respectable or unhappy over the whole earth.

So they show their relations to me and I accept them,
They bring me tokens of myself, they evince them plainly in their possession.

I wonder where they get those tokens,
Did I pass that way huge times ago and negligently drop them?

Walt Whitman

Traducido aquí

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Clásicos en los inicios del triatlón (II) Los pedales automáticos

Una se pensaba que lo único que había que superar era el miedo a las aguas chungas.
Hasta que llegó la bici de carretera, con mis amigos los pedales automáticos. Se trata de unos inventos del demonio mecanismos que sirven para, no apoyar, sino enganchar la suela de la zapatilla, la cual a su vez tiene la pieza que encaja en el pedal.


El caso es que me está costando hacerme a ellos, porque da pelín de angustia al principio llevar los pies pegados a los pedales como si los hubieran untado con Loctite.
He ido poco a poco, atreviéndome cada día con un poco más:

  1. Primer día y toma de contacto, en el parque que hay enfrente de casa, lo primero que hice fue aprender a pedalear con los pies apoyados (no enganchados) a los pedales. Después, enganchaba un pie (el otro seguía apoyado pero suelto), daba unas cuantas pedaladas y lo desenganchaba. Luego el otro. Descojone de los abuelos y de los desocupados que por allí pasaban. No todos los días se ve a una señora con una bicicleta de carreras dando vueltas a tres por hora con cara de susto y haciendo cosas raras con los pies. A pesar de todo, no consigo evitar caerme: una vez en la puerta de casa (si, nada más subirme en la bici) y otra al ratito. Como puede comprobarse, aunque te caigas los pies no se desenganchan, funciona fenomenal.
  2. Segundo día. Seguimos en el parque, ya controlamos el enganchar y desenganchar los pies de los pedales alternativamente. Toca atreverse a hacer lo mismo, pero con los dos pies enganchados: pedaleo unas cuantas veces, desengancho un pie y lo vuelvo a enganchar; pedaleo otro poco, desengancho el otro pie y lo vuelvo a enganchar. Los abuelos y los desocupados ya se ríen un poco menos. Ya no me caigo.
  3. Tercer día, ya hago tres vueltas enteras al parque con cierta soltura, pero aún no me atrevo a salir por ahí. Una vez que puedo quitar un poco la atención de los pedales, jugueteo con los platos y los piñones.
  4. Cuarto día, Triatlón Juan Carlos I (el popular) . Con un par. Me sale muy mal la transición y la salida en bici: había dejado medio cerradas las zapas y además tengo el día manazas, me cuesta ponérmelas.

    Después, había dejado puesto el plato grande y me cuesta un montón enganchar las zapas a los pedales, tardo un huevo en salir (más otro huevo que tardé en nadar hacen dos huevos). Pero el resto bien. Despacio, pero disfrutando.
  5. Quinto día. Ayer. Por la mañana corrí mi quinto Trofeo San Lorenzo. Por la tarde cogí la bici con la intención ya de hacer una especie de entrenamiento. Cogí el Anillo Verde Ciclista con la intención de llegar al carril-bici de Colmenar, pero no llegué (próximo objetivo).

    Tengo que aprender a ajustar bien las cosas para ir más cómoda, porque qué dolor en todas partes. Y encontrar rutas donde se pueda practicar la velocidad sin jugarse el tipo (el Anillo Verde es un puñetero infierno: un semáforo cada tres pedaladas, cuestas infernales, baches…). Pero lo peor, el hacerme con los pedales automáticos, parece que está controlado.
    Qué difícil es todo, mecachis.

Clásicos de los inicios en el triatlón (I): el miedo a las aguas chungas.

Una de las cosas que más me divierten de los blogs son las palabras que se introducen en las búsquedas. Aquí parece ser que no sabemos nada sobre la velocidad del oso panda, pero en cuanto alguien se plantea el meterse o no meterse en el agua en un tri, ahí aparece la miedosa oficial de la blogorunnertribikesfera (o lo que sea):

Y para que quien lo necesite no se vaya con las manos vacías, yo poco puedo aportar (quizá, en un futuro lejano, si lo supero del todo igual me animo a escribir algo), pero hay sugerencias excelentes en los comentarios de una entrada que escribí va a hacer dentro de poco un año. Helas: http://espiruliana.es/2009/08/06/me-da-miedo-nadar-en-aguas-chungas/#comments

Triatlón de la Mujer – San Sebastián 2010

Nota: la organización in situ funcionó estupendamente, pero la comunicación deja que desear: no me contestaron a un correo que les envié un par de semanas antes de la prueba -ya no me molesto en enviarles más- y cuatro días después aún no han publicado las clasificaciones en la web oficial de la prueba, aunque sí que están desde el lunesaquí, por si alguien llega aquí buscándolas).

Qué bien. Este año llevo dos de dos triatlones chiquititos superados, el último de ellos nadando en el mar, nada menos que en el Cantábrico y con un paisaje como el de la Playa de la Concha. Mereció la pena la paliza de viaje (también por el reencuentro con viejos amigos, pero de esas cosas ya no quiero hablar aquí).

Por la mañana pensé que me volvería a Madrid sin haber nadado. Mi acongoje iba creciendo a medida que avanzaba el reloj. Entraba en el agua, hasta las rodillas, estaba muy fría y, aunque no había olas, me paralizaba el pensar que me tenía que echar a nadar adentrándome en el mar. Lo de siempre, vaya.

Había echado el neopreno en el fondo de la mochila, por si acaso me dejaban ponérmelo, que el Cantábrico es mucho Cantábrico. Llegado el momento vi que nadie lo llevaba, hasta que di con mi ángel salvador: una compañera triatleta cuasi-principiante (como yo, más o menos), del grupo de edad inmediatamente superior al mío, que decía que ella es friolera y que se ponía el neopreno si la dejaban. La dejaron, y detrás fui yo. Al final conté cuatro neoprenos. Pues bien, fueron ella y el neopreno los que me hicieron perder el miedo. Un ratillo antes de empezar nos hicimos amiguillas y me animó a nadar un poco hacia el fondo con ella para coger confianza. Justo ahí desapareció mi miedo, como por arte de magia. Yo no lo entiendo, pero fue así.

Voy a explicar lo del neopreno: resulta que el que te dejen utilizarlo o no depende de la temperatura del agua. Por encima de 20º está prohibido; con temperaturas inferiores, hasta 16º es opcional, hasta 13º, obligatorio y si el agua está por debajo de esa temperatura no se celebraría la prueba. Esto es hasta que cumples 50 años, a partir de entonces ya se puede utilizar neopreno siempre que se desee. El día que los cumpla me voy a poner el neopreno hasta para ir a la compra.

No sé a qué temperatura estaba el agua ese día, pero, ya digo, me sentía calentita y protegida, que bastante tenía ya con mi terror a las aguas chungas. No pude constatar que se nade más rápido con neopreno ni esas vainas, porque no puedo comparar. EN MI VIDA HABÍA NADADO EN EL MAR. Lo que sí puedo decir es que es posible que llegue a superar mi miedo, pero en el tramo de natación jamás me encontraré a gusto. Es un tramo solitario, no puedes hablar, no ves el fondo, y ves poco a los lados, gente y agua, glub, glub, procuro centrarme en dar manotazos en el agua (ni técnica ni flowers) para conseguir avanzar, un brazo, otro, un brazo, otro, y entre todo eso levantar la cabeza al frente para buscar la boya (en la ida) o la orilla (en la vuelta); siempre se me hace largo el regreso a la orilla, siempre la veo demasiado lejos. Pero LO IMPORTANTE ES HACERLO. El momento más feliz para mí de los pocos triatlones que llevo hechos son los primeros metros sobre la bicicleta; ya ha pasado lo peor, a partir de entonces ya estoy en tierra firme, mi elemento. Pero es que lo del sábado fue glorioso: la brisa marina, el sabor a sal en la boca, el sol arriba y la vista de la playa con su islita a la derecha…

Otra cosa: ponerse y quitarse el neopreno es un p*t* infierno. Siempre tengo que pedir ayuda para subirme la cremallera (en esta ocasión a una bañista que por allí andaba) y las paso canutas para quitármelo (benditas las manos masculinas que aparecieron de la nada y me ayudaron).

Y otra más: sólo por esta camiseta (bolsa de la ¿triatleta?) habría merecido la pena.

Ah, sí, y un puntazo el que las boyas fueran tan enormes. Así ya puede haber olas, que no se pierden de vista (ver imagen más arriba).

Hasta otra.

(P.D.: basta que cierre el “blos” para que me entren ganas de escribir. Qué le vamos a hacer, somos asín).

Frases para el recuerdo: “voy tan mal que hasta la chavala esa me pasa”.

… dijo un corredor al verse adelantado por la que esto escribe el otro día, en la Carrera Urbana de Carabanchel.

Lo de chavala no sé si es una mentira piadosa o que no se dio cuenta de que quien realmente le adelantaba era una señora de mediana edad, lo cual habría hecho aún mayor su desconsuelo.

A mí esta frase, lejos de ofenderme, le da un sentido a mi vida. Soy la señal de alarma de los corredores, un Pepito Grillo que te puede aparecer en las carreras desde atrás; si te adelanto, ponte las pilas, que te has relajado demasiado con los entrenamientos. De nada, un placer.

“Me gustaría escribir un libro feliz; yo tengo todos los elementos para ser un hombre feliz; pero sencillamente no puedo. Sin embargo hay una cosa que sí me hace feliz, y es decir lo que pienso.”

José Saramago

… y por suerte lo hizo.

Personas así, como este don José, se encuentran en todas partes, ocupan el tiempo que creen que les sobra de la vida juntando sellos, monedas, medallas, jarrones, postales, cajas de cerillas, libros, relojes, camisetas deportivas, autógrafos, piedras, muñecos de barro, latas vacías de refrescos, angelitos, cactos, programas de ópera, encendedores, plumas, búhos, cajas de música, botellas, bonsáis, pinturas, jarras, pipas, obeliscos de cristal, patos de porcelana, muñecos antiguos, máscaras de carnaval, lo hacen probablemente por algo que podríamos llamar angustia metafísica, tal vez porque no consiguen soportar la idea del caos como regidor único del universo, por eso, con sus débiles fuerzas y sin ayuda divina, van intentando poner algún orden en el mundo, durante un tiempo lo consiguen, pero sólo mientras pueden defender su colección, porque cuando llega el día en que se dispersa, y siempre llega ese día, o por muerte o por fatiga del coleccionista, todo vuelve al principio, todo vuelve a confundirse.

José Saramago, Todos los nombres.

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Hora de cerrar

Creo que esto ya no da más de sí. Ha valido la pena, pero toca cambiar. Nos vemos por ahí.

“Algunos objetan que mientras haya hombres que sufren no podemos pensar en el sufrimiento de los animales. Pero ambos sufrimientos son percibidos por una misma sensibilidad común, y ambos son a menudo causados por la misma barbarie [...] A cambio, los que nos manifestamos contra la “industria de la degradación, la crueldad y la muerte de los animales” (en palabras de J. M. Coetzee) somos los mismos que denunciamos Guantánamo. La misma sensibilidad, la misma indignación, sin dividir esfuerzos. No hay contradicción, no hay dilema”

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Éxito

Éxito es la capacidad de pasar de un fracaso a otro sin pérdida de entusiasmo.

Winston Churchill

Visto en www.javiermalonda.com.

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